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TERESA DE LISIEUX

¡Caricias y consuelo (15 de noviembre de 2014)

«Y entonces fui adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responde a tu llamada, continué mi búsqueda y he ahí lo que encontré: “Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré Yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré”.» (Manuscrito C 3v)

¡Ése es mi Dios!, y yo he de desear encontrármelo. Cuanto más lo buscas, más encuentras y cuanto más encuentras, más buscas y ansías. Es… lo de los enamorados. Ya le habían dicho: “el que sea pequeñito que venga a Mí”. Pero ella busca porque quiere más, hasta que encuentra: “Como una madre acaricia a su hijo… llevar en brazos… sobre rodillas… mecer. ¿Se puede pedir más? Porque, ciertamente, si Dios nos acaricia como una madre, ya no se puede pedir más. De hecho, ¿quién enseñó a las madres a acariciar? El creyente ha de pensar que el acariciar no puede ser privativo de las madres, ni de Dios. Nosotros podemos también y ¡hemos de hacerlo!

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Un regazo único (8 de noviembre de 2014)

«Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos; un ascensor lo suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hacia Jesús pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor… leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: “El que sea pequeñito que venga a Mí”.» (Manuscrito C 3r)

Imaginación, asociación de ideas no le faltan a Teresita. Pero, claro, para los ricos. Por otro lado, subir escaleras es un buen ejercicio válido para todos y más necesario para los que tienen determinada edad (física y… moral). ¿Escaleras de “perfección”? No existen ni pasando por Lourdes. Ahora, ¿brazos de Jesús? ¡Y qué más desea Él!. Por eso, por si te desanimas, te recuerda que ese tipo de ascensor ya existía en el A.T.: es el mismo Dios quien te levanta y te sienta sobre sus rodillas, y así puedes estar cerca de su rostro y de su corazón. Y eso… ya es santidad… Aunque lo sea por contagio.

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¿Una vía nueva? (1 de noviembre de 2014)

«Agrandarme es imposible, tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al Cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo.» (Manuscrito C 2v)

Hemos de saber calibrar nuestras capacidades, sin creernos. Pero, a la vez, sin no-creernos. Humildad que decía Teresa de Jesús, verdad; sepamos soportarnos a nosotros mismos, que eso ayuda a soportar al otro, y te convierte en más auténtico y… paciente con los demás. Y eso ya es como una especie de caminito para ir hacia arriba. Pero,  por desgracia, en el mundo en que nos movemos, lo que debería ser normal es raro y, por ello, lo que debiera ser “normal” se ha convertido en un “totalmente nuevo”.

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¡Grano de arena en el camino! (25 de octubre de 2014)

«Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña, cuyas cumbres se pierden en el cielo… y el oscuro grano de arena que los caminantes pisan al andar. Pero, en vez de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad.» (Manuscrito C 2v)

 “Siempre he deseado ser santa”… Caramba, lo consideramos una heroicidad, algo de unos pocos, y nos olvidamos de lo que nos dice el Evangelio: ¿cuántas veces Jesús nos invita a ser santos como su Padre es eso y lo otro, o llama ¡Bienaventurados!, o…? Y es que seguimos creyendo que “eso” de la santidad no es lo “normal” para el seguidor de Jesús. El mérito de Teresita es creer a Jesús que no nos puede pedir imposibles (¿en qué Facultad de Teología se explicará eso?). Por lo tanto, sí es posible, aunque sin pretender subirse al Monte, o volar al Cielo, sino, a veces, dejándose “pisar” por los que van por la vida arrastrando los pies porque no pueden más, ser simplemente grano de arena pero que sabe amar y acaricia la planta del pie para dar alivio. “A pesar de mi pequeñez”… ¡PUEDO!

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La mirada divina tan sólo ama (18 de octubre de 2014)

«¡Que no pueda yo, Jesús, revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia…! Estoy convencida de que, si por un imposible, encontraras un alma más débil y pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de gracias todavía mayores, con tal de que ella se abandonase con confianza total a tu misericordia infinita. Pero, ¿por qué esos deseos, Jesús, de comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú el que me los enseñó a mí? ¿Y no podré, entonces, revelárselos también a otros?… Te conjuro a que lo hagas, que hagas descender tu mirada divina (“el mirar de Dios es amar”, Juan de la +) sobre ese gran número de almas pequeñas… dignas de tu Amor.» (Manuscrito B 5v)

 Transmitir la experiencia de sentirse amado por Dios… No deja de ser toda una exigencia ese deseo de comunicar la bondad y el amor de nuestro Dios. Quien ama, deja libre al amado, ya que no es dueño de nadie, pero puede pedirte que ese amor con que te ama a ti, lo posean también los demás, y cuanto más pequeños más todavía, puesto que su mirada no está aún contaminada. Que el Señor nos envíe su mirada porque el mirar de Dios es amar , y todos, todos necesitamos y con urgencia ¡ser, sentir y sabernos amados de verdad!

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Por la confianza… (11 de octubre de 2014)

 «Durante todo el tiempo que tú quieras, Amado mío, tu pajarito seguirá sin fuerzas y sin alas, seguirá con los ojos fijos en ti. Quiere ser fascinado por tu mirada divina, quiere ser presa de tu amor… Un día así lo espero, Águila adorada, vendrás a buscar a tu pajarillo.» (Manuscrito B 5v)

 Es una imagen tan plástica que… no necesita comentario alguno. Simplemente dejarse llevar por el corazón y la imaginación para recrear ese momento, ese encuentro con nuestro Dios.

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De la locura de Dios a la confianza de la persona (4 de octubre de 2014)

«Eres tú el Águila adorada que yo amo, lo que me atrae. Eres tú quien…, eres tú quien… Jesús, déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura. ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza? Mi locura consiste en suplicar a las águilas, mis hermanas, que me obtengan la gracia de volar hacia el Sol del amor con las propias alas del Águila divina”.  (Manuscrito B 5v)

Muchas águilas, hermanas, que luchan por ella, trabajan y hacen maravillas… Gracias, gracias, pero… eres Tú a quien yo amo. No hemos de “apegarnos a nada” porque somos DE (ni eso, ni esotro…), somos DE TI a quien quiero y me atrae. Y comprendo tu locura, Señor, porque yo he perdido la cordura y he hecho el ridículo enganchándome a cosas tan inferiores a mí mismo que soy ni más ni menos que hijo de Dios. Sí, puedo comprender esa locura tuya de venir a buscar a tus hermanitos aquel día en Belén. Por ello mismo, no sólo confío en Tí, sino que sé que me llevarás en la palma de tu mano hacia tu rostro para poder darte un beso de enamorado. Pero primero, bésame Tú, Señor, para que aprenda el significado de un beso verdadero y de amor verdadero.

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Y después de la debilidad… paz (27 de septiembre de 2014)

«Sí, ésta es también otra debilidad del pajarito cuando quiere mirar fijamente al Sol divino y las nubes no le dejan ver ni un solo rayo: a pesar suyo, sus ojitos se cierran, su cabecita se esconde bajo el ala, y el pobrecito se duerme creyendo seguir mirando a su Astro querido. Al despertar no se desconsuela, su corazoncito sigue en paz. Y vuelve a comenzar su ejercicio de amor… Y las águilas, compadeciéndose de su hermanito, le protegen y defienden, y ponen en fuga a los buitres que quisieran devorarlo.» (Manuscrito B 5r)

 Pues sí, “otra debilidad” más, que las tenemos. A veces creemos o queremos hacer creer que estamos en el camino correcto, nos creemos quién sabe qué, y… en cambio, vivimos adormilados o con la cabeza bajo el ala ante problemas ajenos. No se trata de autoflagelarse, sino de ver la realidad, saber ver nuestra realidad, sin que por ello perdamos la paz, esa paz “que nadie os podrá arrebatar” (a no ser que yo la pierda), y así poder volver a empezar al oficio del amor; y sin recriminaciones para nadie, hemos de aprender a defendernos, a ayudarnos ante los problemas y peligros de la vida, de la vida de fe, ayudarnos en el aprender a ser más humanos y de verdad, como lo fue Jesús con sus hermanos, los hombres.

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La felicidad de ser débil (20 de septiembre de 2014)

«Y si el Astro adorado sigue sordo a los gorjeos lastimeros de su criaturita, si sigue oculto…, pues bien, entonces la criaturita seguirá allí mojada, aterida de frío… ¡Qué feliz, Jesús, es tu pajarito de ser débil y pequeño! Pues, ¿qué sería de él si fuera grande? Jamás tendría la audacia de comparecer en tu presencia, de dormitar delante de ti…» (Manuscrito B 5r)

 “Feliz de ser débil y pequeño”, ????, ¡qué grandeza, reconocer nuestra nonada! ¿Para…? Pues, en principio, eso: “poder dormitar delante de ti”. ¿Que a veces podemos sentir que abusamos de la confianza? No creo, no somos iguales. No hay “abuso” mío, sino “uso” de lo que me concede el que NOS AMA. ¿El chiquitajo abusa de mamá? ¿Y qué? Cuando se ama no se calcula ni se mide. Cuando se comercia, sí. Y… nuestra relación con Dios, ¿cómo la vemos y vivimos?

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Bienaventurado abandono (13 de septiembre de 2014)

«Sin embargo, después de todas sus travesuras, el pajarito en vez de ir a esconderse en un rincón para llorar su miseria y morirse de arrepentimiento, se vuelve hacia su amado Sol; expone a sus rayos bienhechores sus alitas mojadas, gime como la golondrina… confía, en su temerario abandono, atraer con mayor plenitud el amor de Aquél que no vino a buscar a los justos, sino a los pecadores.» (Manuscrito B 5r)

 Para nosotros, eso de “miseria y arrepentimiento” ¿no sería más como un batacazo a nuestra vanidad que arrepentimiento en serio? Porque, a veces, confundimos humillación (aunque no sea patente a ojos ajenos) con “arrepentimiento”, que siempre es positivo. “El Señor lo ve todo” nos decían de pequeños. Pues destapa tu mal, tu pecado, tu tontería y muéstraselas al Señor, y dile: “así soy, ya ves, con mis alitas mojadas, muerto de frío y de vergüenza, pero eso he hecho. Dime el por qué lo he hecho, por qué soy así, por qué…” Y no esperar a que venga a recogerme el Buen Pastor, sino pegar un brinco para sentarnos a upa de su cuello y no decirle: ¡gracias por hacerme pecador, sino, Jesús, ¿quién me amaría tanto?

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Las otras “sirenas” de Teresita (de se septiembre de 2014)

 «Jesús, hasta aquí puedo entender tu amor al pajarito, ya que éste no se aleja de ti… Pero yo sé, y tu también lo sabes, que muchas veces la imperfecta criaturita, aun siguiendo en su lugar (“Tú, Señor, lo sabes todo y sabes que te amo”), es decir, bajo los rayos del Sol, acaba distrayéndose un poco de su único quehacer: coge un granito acá y allá, corre tras un gusanito…, luego, encontrando un charquito de agua, moja en él sus plumas apenas formadas; ve una flor que le gusta, y con espíritu débil se entretiene con la flor… En una palabra, el pobre pajarito, al no poder cernerse como las águilas, se sigue entreteniendo con las bagatelas de la tierra.» (Manuscrito B 5r)

 ¿El Señor ama a los buenos por serlo? Ya en el Deuteronomio, creo hacia el cap. 7, dice el Señor que se “enamoró” de un pueblo, precisamente de los más pequeños y que se le rebelaba… No esperemos a ser perfectos que esa Sra. Dña. Perfecta, ayer por la noche, aún no había nacido en nuestro mundo; no esperemos ser mejores que los demás; no esperemos resultados de nuestra vida interior, oración… ¡Señor, si tú lo sabes todo, te dijo Pedro y sabes…! Cierto que, como decía la Madre Teresa, “mucho nos hemos divertido”, y optado por el mal, y hemos infligido dolor, infamias, desconcierto, desencanto, hemos sido humo en lugar de luz y sacarina en lugar de sal. Hemos corrido tras… y nos hemos enlodado con…  Pero, ¡soy así, Señor!, y ahora mismo, mientras te hablaba, estaba distraído con otras cosas… Ya ves como soy. Y así veo… cómo eres Tú.

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En medio de la tormenta (30 de agosto de 2014)

«Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que le rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe…!.» (Manuscrito B 5r)

¡Rezamos tantas veces el Credo sin saber qué decimos o sin enterarnos de a qué nos comprometemos! «Alegría perfecta del pajarillo en medio de la tormenta…, luz invisible que se oculta a su fe…» Ahí, ahí es cuando hemos de decir con firmeza y valentía:  ¡CREO!, ¡creo, Señor!, y comprendo a los que no pueden decir eso: ¡creo! Ésa es la mejor evaluación que podemos hacer de nuestra fe, esperanza y amor: en medio de la tormenta, aunque la haya provocado yo mismo, CREO, ESPERO y AMO, sigo creyendo, esperando y amando, porque Tú, mi Sol, eres el Amor. Y yo he de creer, esperar y amarte porque soy débil y necesito de Ti y del otro.

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El audaz abandono del indefenso (23 de agosto dde 2014)

«¿Qué será de él? ¿Morirá de pena al verse tan impotente…? No, no, el pajarillo ni siquiera se desconsolará. Con audaz abandono, quiere seguir con la mirada fija en su divino Sol. Nada podrá asustarlo… Y si obscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando. Y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante.» (Manuscrito B 5r)

 ¿Ni siquiera se desconsolará? Es el “nada te turbe” de la otra gran Teresa. Y nosotros, creyentes que fiamos en el Señor, nuestra Roca, el Pan de Vida, ¡andamos tan desasosegados cuando las cosas no salen a nuestro gusto, o según planificamos…! ¿Qué provoca nuestros celos, complejos de culpa o inferioridad? ¿Qué nuestros despotismos, el ver pajas en el ojo ajeno, negatividad, y un largo etc. en nuestras actitudes de a diario? Ella, «a pesar de… seguirá mirando su Sol» que hoy estará tapado por lo que sea, oculto por no saber mirar bien, o por los nubarrones de dudas. Pero hay que seguir mirando hacia lo alto. El pajarillo seguirá siendo pajarillo sin volar, pero el Sol, su Sol seguirá en lo alto iluminándole y dándole su calor. «Nada te espante.»

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Otro lazo, otro candil (16 de agosto de 2014)

 «El pajarillo quiere volar hacia ese Sol brillante que encandila sus ojos; quisiera imitar a sus hermanas las águilas, a las que ve elevarse hacia el foco divino de la Santísima Trinidad… Pero, ¡ay!, lo más que puede hacer es alzar sus alitas, ¡pues eso de volar no está en su modesto poder!» (Manuscrito B 4v)

 Todos quisiéramos ser, aparentar, mostrarnos como, alcanzar, volar… Pero, ¿qué nos “encandila” de verdad? Quizás no podamos ni mirar ni volar porque lo que nos encandila está muy por debajo de un hijo de Dios, o no importa volar para alcanzarlo. ¡Me encandilan y lacean tantas “cosas”, proyectos, teorías, programas, que no son Dios! ¡Cuánta razón lo de la otra Teresa, la de Ávila: “Mire que le mira”. Miradas de amor, de enamorado, de encandilado… ¿Ir hacia la Santísima. Trinidad? Deja que Jesús te lleve en sus palmas y así estás también más cerca de su corazón.

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Ojos y corazón de águila (9 de agosto de 2014)

«¡Oh, Jesús, mi primer y único amigo, el ÚNICO a quien yo amo!, dime qué misterio es éste. ¿Por qué no reservas estas aspiraciones tan inmensas para las almas grandes, para las águilas que se ciernen en las alturas…? Yo me considero un débil pajarito cubierto únicamente con un ligero plumón. Yo no soy águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila…» (Manuscrito B 4v)

Teresita posee una sensibilidad y sutileza únicas… “yo amo” (y a través de Él a TODO el Universo, sus hermanitos del gran y variado jardín de Dios). Águilas, a por las alturas; yo soy un débil pajarillo cubierto de plumón. ¡Ah!, pero tengo del águila ojos y corazón. ¿Para?…, para mirar, ver, notar el Sol divino, el Sol del Amor, que sólo capta el corazón. ¿Qué más desea del águila?, ¿sus plumas, altura, planeos, fuerza? Para ella cuenta… el Amigo, no lo alto que pueda volar.

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Hacer todas las cosas por amor (2 de agosto de 2014)

«Pero, ¿cómo podrá demostrar él su amor, si es que el amor se demuestra con obras? Pues bien, el niñito arrojará flores, aromará con sus perfumes el trono real, cantará con su voz argentina el cántico del amor… No tengo otra forma de demostrarte mi amor que  arrojando flores, es decir, no dejando escapar ni un pequeño sacrificio, ni una sola mirada, ni una palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas haciéndolas por amor…» (Manuscrito B 4r)

¡Mira tú! Es que tiene unas salidas… Demostrar el amor con obras… ¿Qué es lo primero que se nos ocurre pensar ante esa frase? Seguro que no: “echar flores, cantar…” Eso son niñerías. Pues, precisamente por esas niñerías el Señor se enamoró de… los pequeños. Una nonada de un niño que nos sonríe, ¿no vale más que mil promesas incumplidas de los grandes adultos, que se creen imprescindibles? ¡Menos mal que están ellos!, piensan. He ahí su gran secreto: hacer todas las cosas, (pero, ojo, todas las cosas)… por amor, lisa y llanamente, sin más ecuaciones a resolver.

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Amando, siempre se ayuda (26 de julio de 2014)

«Pues bien, yo soy la HIJA de la Iglesia, y la Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, ¡oh divino Rey de Reyes!… No son riquezas, ni gloria… lo que pide es el amor. No sabe hacer más que una cosa: amarte, Jesús… Las obras deslumbrantes le están vedadas, no puede predicar el Evangelio, ni derramar su sangre. Pero, ¿qué importa?, sus hermanas trabajan en su lugar, y él, como un niño pequeño, se queda muy cerquita de su Rey y de la Reina y ama por sus hermanos que luchan…» (Manuscrito B 4r)

 Le encantaba sentirse hija de la Iglesia. Seguro que pensaba en sus padres. Y, por otro lado, tampoco desconocía las debilidades de la “sotana”. Pero comprendía e intentaba aportar lo suyo para compensar. Y, como a sus padres, sólo pide una cosa: AMOR, que es dedicación, tiempo, confianza, proximidad, contacto. ¿Predicar, martirio? Cada cual recibe del Señor un don. No perdamos tiempo envidiando o enjuiciando, o si lo lleva bien o no…, sino  en averiguar cuál es el mío. Y lo que sí se puede hacer siempre es ayudar amando. Es aquello de Juan de la Cruz: “donde no hay amor….” ¡Claro que no hay amor, porque falta el que escamoteamos tú y yo y tantos otros!, que hacemos cosas grandes, pero ¿y el amar? Suerte de tantas Teresitas ocultas en la vida que “aman por sus hermanos que…” ¡Dejémoslo así!

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La debilidad del amor de Dios (19 de julio de 2014)

«Jesús, no puedo ir más allá en mi petición [capacidad de amar]…. La excusa que tengo es que soy una niña, y los niños no piensan en el alcance de sus palabras. Sin embargo, sus padres, cuando ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no dudan en satisfacer los deseos de esos pequeñajos a los que aman tanto como a sí mismos; por complacerles hacen locuras y hasta se vuelven débiles…» (Manuscrito B 4r)

 Esta cría, infante espiritual, es de una sencilla pero aplastante lógica… ¿Loca, ingenua… a lo divino? En todo caso, Jesús ¿no dijo algo sobre quiénes eran los propietarios del Reino? ¡Qué audacia tan bella!: los padres, se llamen Dios o Juan, o Carmen, posean lo que posean, TODO lo entregan gustosos a sus “pequeñajos”. Y son capaces de hacer hasta “locuras” (y ¿quién no ha pensado, a veces, que Dios esté un poco…, ¿cómo diríamos? …ido?, y ¿quién es capaz de no aceptar la debilidad del que ama, para no acrecentar ese tesoro del amor?) ¿Rigor, penitencia, justicia, legalidad, seriedad…? No, simplemente, AMOR.

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Amor con amor se paga (12 de julio de 2014)

 «Lo sé, Jesús, el amor sólo con amor se paga. Por eso he buscado y hallado la forma de aliviar mi corazón devolviéndote amor por amor.» (Manuscrito B 4r)

 Y ahí está el quid. Procurar darse cuenta de cuánto me ha amado Dios. No educar en cumplir, en saberse normas. Quizás nos pueden repetir eso de amar, y con mucha suerte, algún día, podríamos sentir que Dios también nos ama, no de manera conceptual, sino de corazón a corazón. No, tendríamos que intentar hacerlo al revés: propiciar encuentros de corazón a corazón, propiciar, sin miedos, el enamoramiento. Y entonces, lleno tu corazón de ese amor infinito, no te quedaría más remedio que vaciar el tuyo y regalarlo para que otros disfruten de ese enamoramiento. Amor con amor se paga. Eso también vale para Dios, y Él, el suyo, nos lo regala entero. Sí que es difícil amar al que no nos ama, al que le resulta imposible creer en el amor desinteresado, pero no es preciso dar para poder recibir, sino dar, regalar. Simplemente porque amas.

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La audacia del amor, la cobardía del temor (5 de julio de 2014)

«No soy más que una niña, impotente y débil. Sin embargo, es precisamente mi debilidad la que me da la audacia para ofrecerme como víctima a tu amor. Pero a la ley del temor le ha sucedido la ley del amor, y el amor me ha escogido a mí, débil e imperfecta, como holocausto…» (Manuscrito B 3v)

Ella fue esa niña mimada, protegida, y audaz también. Y eso  a pesar de la sobriedad y fortaleza que le inculcaron de pequeña. Recibió mucho amor. Y lo que le da audacia, dice ella, es su debilidad, pero para ofrecerse, no para recibir, sino para dar. ¡Qué cambiazo existencial!, ¡qué modo de “descentrarse” para hacerlo en el otro! ¿Ley del temor? Todavía, todavía hay demasiadas almas empeñadas en eso, porque creen un deber hacerlo, aunque, eso sí, ¿lo hacen con mucho amor, y por amor? A ella, nada sofisticada, sino muy directa, el temor la frena; en cambio con amor se lo podían sacar todo, porque todo lo había recibido también con amor y por amor, y de ello era  consciente. Demos más amor en la vida, y alejaremos el temor; no mezclemos los dos conceptos en la vida espiritual “por si acaso”. Seamos más audaces y dejémonos atrapar por el amor y veremos cuánto conseguimos de más.

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Ocupa tu puesto, el que Dios te da (28 de junio de 2014)

«Entonces, al borde de mi alegría desbordante, exclamé: ¡Jesús, amor mío… al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor…» (Manuscrito B 3v)

«¡Al fin he encontrado mi vocación!» ¿Cuál?, ¿grande?, ¿pequeña?, ¿mejor?, ¿peor…? Lo grandioso es buscar el ideal de toda una vida, tu norte, tu faro. Viéndote tal cual eres  y sin importarte lo que eres, ponte ante Dios y acepta lo que Él te pide en bien de todos. ¿Te gusta, te crees apto para ello? ¡Déjalo en manos de Dios! Dale permiso para que decida en tu vida, que creo entiende mejor que nosotros qué cosa significa ser humano. Por algo le llamamos “nuestro Señor”, ¿o no? Y Dios lo da ¿a…?: “los pequeños, los niños, los que se hacen como niños…” ¿A qué tanta fachada entonces, presunciones, codazos para…? «Seré… el AMOR.» ¡Dicho y hecho!

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Sobre todo, aprender a amar (21 de junio de 2014)

 «Comprendí… que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio, y los mártires se negarían a derramar su sangre… Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que lo era todo,  que abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno!» (Manuscrito B 3v)

 Lo malo de nuestra Iglesia, de nuestro creyente, es que quiere ser (y es de alabar) apóstol, profeta, guerrero, mártir, pero a su aire. Y no  es tanto culpa suya, o nuestra, sino porque… ¿quién le enseñó… a amar? Hablamos hasta aburrir del amor, pero ¿amar?, y ¿“como Yo os he amado”? En cambio, si las personas sensibles a los valores del espíritu viéramos la importancia del aprendizaje, errores, mejoras, desviaciones sí, pero constancia en el amar y a pesar de…., entonces y sólo entonces habría apóstoles, profetas… y no para satisfacción personal o curriculum, sino para… el bien de toda la Iglesia.

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Corazones para la Iglesia (14 de junio de 2014)

 «El Apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor… Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo, o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos… La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario…; comprendí que la Iglesia tenía un corazón…» (Manuscrito B 3v)

 Pablo es sublime, grandioso en ese pedazo de carta a los Corintios, pero no lo es menos nuestra pillina hermanita. Miremos sus ojos de niña abiertos de par en par observándolo todo, fijándose, sí, en aquello que “los sabios de este mundo…” El amor es esto y aquello, ¡vale!; ya podría tener… ¡estupendo! ¿Pero, llegar a darse cuenta de que aparte de pies, manos, ojos, la Iglesia pueda tener  ¡corazón!, y no como cosa importante, o muy importante, sino NECESARIA? Quizás estén sobrando doctores, profetas, pedagogos, pastores, planificadores i mediáticos, burócratas, que pueden ser efectivos, pero quizás  nos hagan más falta almas pequeñas que quieran y sepan amar aprendiendo al hacerlo y sin cansarse de intentarlo a pesar de todos.

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De los deseos a la realidad (7 de junio de 2014)

 «Como estos mis deseos me hacían sufrir durante la oración un verdadero martirio, abrí las cartas de san Pablo con el fin de buscar una respuesta. Y mis ojos se encontraron con los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios… No todos pueden ser apóstoles, o profetas, o doctores, etc. Y la Iglesia estaba compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano… Al igual que la Magdalena inclinándose sobre la tumba vacía…, así también yo, abajándome hasta las profundidades de mi nada, subí tan alto que logré alcanzar mi intento.» (Manuscrito B 3r)

 Buenos ejemplos se ha buscado. Uno “se cae del caballo” y sólo desde el suelo comprende que, si le hacemos algo al hermano, es a Cristo mismo a quien se lo hacemos; comprende el valor del amor y no el del fanatismo intransigente. María que mira hacia abajo, el vacío (tan descentrada como estaba) y descubre que ahí, en un sepulcro, por perfumado que esté, no puede dormir su Jesús. Así también ella, Teresita, por experiencia propia, ha descubierto su nada y se dejará llevar por el Águila que, como decía Juan de la Cruz, “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”, y logrará alcanzar su infinitud. Sólo Él es el lote de nuestra heredad, el Todo.

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Dar la vida por quien se ama (31 de mayo de 2014)

 «Pero sobre todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre. Como tú… como san Bartolomé…, como san Juan…, santa Inés y santa Cecilia…, Juana de Arco, mi hermana querida… ¡Jesús, Jesús!, si quisiera poner por escrito todas estas hazañas, necesitaría que me prestaras tu libro de la vida. Jesús mío, y tú, ¿qué responderás a todas mis locuras? ¿Existe acaso un alma pequeña y más imperfecta que la mía.» (Manuscrito B 3r)

 ¡Ay, el martirio! ¿Cuál será “peor”, el de sangre o el de corazón? Pues sí, Jesús responderá a sus locuras. Antes, sus locuras eran querer ser el centro del amor de los demás, de Dios… Y ahora, pasará, abandonándose, a amar ella a Dios con locura, y que, desde su pequeñez, Dios ame a través de ella y en lo pequeño, lo cotidiano, lo anodino de la vida. Dios no prefiere héroes sino seres humanos que se le entreguen y se hagan pequeños y se abandonen a su amor. Pablo, ¿cuándo se convirtió en algo grandioso? ¿Y Agustín y Teresa, y Juan de la Cruz y Francisco de Asís, y Felipe Neri, y, y…? ¡Y Maria!… “porque ha mirado la pequeñez de su sirvienta… ha hecho obras grandes.” Y ése es el gran martirio, vaciarse de sí, morir a sí mismo y entregarse, vivir al Dios vivo, al Dios Amor. Y eso… ¡cuesta tanto, tanto!

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Una entrega sin límites (24 de mayo de 2014)

 «Sí, a pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores. Tengo vocación de apóstol, quisiera recorrer la tierra… Pero, Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo. Quisiera ser misionera no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos…» (Manuscrito B 3r)

 Cuando ella habla de pequeñez lo dice en serio y sintiéndolo así. Ella quisiera… ¿profetas, doctores? Pues, sin pretenderlo, lo logró: la proclamaron Doctora del Amor. Un amor que no se contenta con amar en tiempo y espacio limitado, con actos concretos y a personas concretas, sino que su corazón (y a fuerza de ejercicio) se ha hecho tan grande que quiere abarcarlo todo, urbi et orbi, y no a cuentagotas y mientras pueda, sino… ¡hasta la consumación de los siglos! ¿No somos eternos como Jesús, María, que velan por nosotros? Pues, ¿por qué no tener nosotros esa ilusión también, aprender a amar ya aquí a todo el mundo y por toda una eternidad?

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El sacerdocio de la humildad (17 de mayo de 2014)

 «Sin embargo, siento en mi interior otras vocaciones… Siento en mí la vocación de sacerdote. ¡Con qué amor, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajases del cielo!… ¡Con qué amor te entregaría a las almas!… Pero, ¡ay!, aun deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de san Francisco de Asís y siento en mí la vocación de imitarle renunciando a la sublime dignidad del sacerdocio.» (Manuscrito B 2v)

 Pues sí, fabulosa la definición de sacerdote que conjura con su palabra al mismísimo Dios para que se haga presente en nuestro mundo, en la sencillez del pan y vino, al alcance de todos; hacer bajar a Dios no cuando Él quiere, sino cuando creo que se le necesita; y entrega al hermano… Bellísimo, pero todavía le falta algo a la intuición y espontaneidad de Teresita. Dice ser capaz de “renunciar” al sacerdocio, como Francisco de Asís, pero no porque no crea tener derecho o opción al servicio, sino… por HUMILDAD. ¡Ojo, que es Doctora de la Iglesia! Y nosotros que vemos tanta y tanta problemática en el acceso de la mujer al sacerdocio… ¿Por qué será que los nuestros, por ejemplo Teresa de Jesús, Edith Stein, Teresita, son más “sacerdotes” que muchos (pongamos algunos) de nuestros pastores, incluso purpurados?

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Carmelita, esposa, madre (10 de mayo de 2014)

 «Ser tu esposa, Jesús, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de almas… debería bastarme. Ciertamente, esos tres privilegios son la esencia de mi vocación: carmelita, esposa y madre.» (Manuscrito B 2v)

 Ser religiosa no significa esterilidad física o de acción, aislamiento y despreocupación de la vida exterior, sino riqueza de amor que vela, se interesa, sufre, ora, se angustia y se entrega al Señor por los demás que “luchan en la llanura”. Pero, a ella, esa esponsalidad con Jesús que la convierte en madre, no le basta. Es carmelita, heredera de los consagrados en el Monte Carmelo, hermanos de la Virgen que viven de la Palabra y en torno a Cristo, don y eucaristía. Quiere ser esposa que se entrega, y le pide que “rompa ya la tela de este dulce encuentro.» Esposa y Madre de almas. Pero… todavía quiere más. Y es que el amor es agotador, pero nunca se agota porque el manantial es el mismísimo Dios.

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El pecado de la ingratitud (3 de mayo de 2014)

«Sí, me doy cuenta, más que nunca, de que Jesús está sediento. Entre los discípulos del mundo sólo encuentra ingratos e indiferentes, y entre sus mismos discípulos, ¡qué pocos corazones encuentra que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito.» (Manuscrito B 1v)

Teresita no se queja de “los pecadores”. Ya había querido con afecto a “su Pranzini”. Ella habla de… “ingratos, indiferentes… y entre sus mismos discípulos”. Ése es nuestro peor pecado, la falta de amor, gratitud, gratuidad. Y si no comprendemos todo lo que hemos recibido gratis de Dios, ¿cómo vamos a poder enamorarnos de esa “máquina divina”? Imposible, a no ser que quedemos tan convencidos, pero de verdad y con el corazón (que no con la razón), que Dios es AMOR, y que sólo me acercaré a Él y le comprenderé con el amor, y me quedaré a su lado por amor, y pecaré a pesar de amarle. ¿Recordamos a nuestro buen Pedro con su “Señor, tú lo sabes TODO y sabes que te amo”? Pues, eso.

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Jesús, mendigo de nuestro amor (26 de abril de 2014)

 «He aquí, pues, todo lo que Jesús exige de nosotros. No tiene necesidad de nuestras obras, sino de  nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara que no tiene necesidad de decirnos si tiene hambre, no vacila en mendigar un poco de agua a la Samaritana. Tenía sed. Pero al decir “Dame de beber”, lo que estaba pidiendo el Creador del Universo era el amor de su pobre criatura. Tenía sed de amor.» Manuscrito B 1v)

 El Todopoderoso, el Creador, Inmenso Padre, se hizo eso… hombre. Entonces su primera necesidad, ya de antes de nacer, es saberse amado. Y nuestra Teresita eso lo explota a la perfección. Nosotros necesitamos el amor de Dios, cierto, aunque estemos más acostumbrados al amor terrenal, limitado, el que se palpa, ve, siente y se transmite de corazón a corazón. La Samaritana necesitaba ese amor. Y Jesús se lo da prescindiendo de los tabús de su tiempo: religioso, social, sexual, étnico. Pero ese Jesús le dice también: “Dame de beber tú a mí, porque tengo sed.” Y eso no nos entra en la mollera, ni en los manuales de teología, liturgia o lo que sea. Y… es de lo más normal. Todo ser humano necesita (no, quiere o desea solamente) amar y ser amado. Y Jesús, ¿fue humano o no? Cristo necesita mi amor, saberse amado por mí (no sólo quererlo o pedirlo). Tengámoslo más en cuenta  y seamos un poquinín más humanos, incluso, con Dios.

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Tu abandono en Jesús (19 de abril de 2014)

 «Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a la hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme en brazos de su padre… “El que sea pequeñito, que venga a mí”… “a los pequeños se les compadece y perdona.”  “El Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho.” Y como si esas promesas no bastaran…. “Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré.” (Manuscrito B 1r)

 Cuando uno piensa en ese Jesús que predica sobre flores, niños, sembrados, peces, pajarillos del cielo, granos de mostaza, monedita perdida, corderos, y se dirige a humildes, pobres de espíritu y de bolsillo, gente que sabe comprender y llorar con uno, que trabajan para que haya más justicia o sólo eso, justicia, y defienden al desvalido… ¡y le entienden! Uno piensa también en esa Teresita que no busca otro camino para el encuentro que el abandono. ¿Mortificaciones, ascesis, cuentas del bien y del mal, erudición, metodologías, teologías, sistemas orantes…? Abandónate en Jesús, tu fe, y déjale hacer a Él que Él ya te hará hacer. ¿Pecados o tonterías, escrúpulos o sonrisa, cómplice el Señor ante nuestras limitaciones? “Estrechar contra su pecho, caricias de madre, acunar sobre rodillas”. Déjate hacer y déjale hacer a Él. “Venid a mí los que estáis cansados y hartos de… Yo también estoy cansado y harto de. ¿Recuerdas mi siesta en la barca en medio de la tempestad? Pues, también la necesito hoy, pero contigo.” FELIZ RESURRECCIÓN. AHORA ÉL ES SEÑOR PARA SIEMPRE.

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Leer en el libro de la vida (12 de abril de 2014)

«No creas que estoy nadando entre consuelos. No, mi consuelo es no tenerlos en la tierra… Sin mostrarse, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo… Pero, a veces, viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y en la sequedad): “Éste es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor”.» (Manuscrito B 1r)

A menudo, Teresita del NIÑO Jesús tenía que recordar a los demás que se llamaba también y de la SANTA FAZ. ¿Consuelos, mimos, aligerarla de responsabilidades en el Carmelo…? Su consuelo es NO tenerlos en la tierra. Pero, ¿en el Cielo? Creo que al Señor le tiene, diríamos, “dominado”, pues ¿cómo no se va a enamorar Jesús de ella? Y ya se sabe que los enamorados utilizan un lenguaje especial, suyo. Eso de libros, charlas, cartas, llamadas, oraciones hermosas y bien construidas… Sólo con la mirada ya se lo dicen todo (“sin mostrarse ni hacerme oír su voz”), se sienten y entienden con el corazón, donde se aprende de verdad la ciencia del amor. ¡Y qué Maestro no encontró ella!

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¡Qué dulce es el camino del amor! (5 de abril de 2014)

 «Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas a la justicia de Dios para desviar y atraer hacia sí… Yo estaba lejos de sentirme inclinada a hacerlo. Si a tu justicia que sólo se extiende a la tierra le gusta descargarse, ¡cuánto más deseará abrasar a las almas tu amor misericordioso…! Me parece que ese amor misericordioso me renueva a cada instante. Por eso no puedo temer el purgatorio…. El fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio. Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles… ¡Qué dulce es el camino del amor…!» (Manuscrito A 84r-v)

No se trata tanto del deseo de sufrir para apagar la “ira de Dios” por los pecados del otro, sino de aprender a recibir gozosamente y con una tierna acción de gracias el don del amor misericordioso de Dios. Porque es ese amor y no el ejercicio olímpico de renuncias y mortificaciones lo que nos va renovando y salvando. ¿Llamas del  purgatorio? ¿Y para qué, si la llama del amor de Dios es más purificadora y potente que la “lejía del lavandero”? No al sufrimiento inútil, sí al estar al lado del sufriente, a la paciencia por los inconvenientes de salud, emotividad, necesidades materiales que no se piden, pero que se sufren y sin hacer sufrir a otros. Y si todo se hace (el sufrir, confiar en el otro a pesar de, no ningunear lo pequeño de la vida diaria…), y con amor, ¡qué gozada, Señor, de tu presencia y paz en mi alma!

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La justicia de la misericordia (29 de marzo de 2014)

«A mí me ha dado su misericordia infinita, y ¡a través de ella contemplo y adoro las demás perfecciones divinas…! Entonces todas se me presentan radiantes de amor; incluso la justicia (y quizás ésta más aún que todas las demás) me parece revestida de amor. ¡Qué dulce alegría pensar que Dios es justo; es decir, que tiene en cuenta las debilidades… de nuestra naturaleza. Siendo así, ¿de qué voy a tener miedo? El Dios infinitamente justo que se dignó perdonar con tanta bondad todas las culpas del hijo pródigo, ¿no va a ser justo también conmigo, que “estoy siempre con él”…?» (Manuscrito A 83 v-84r)

Ahí tenemos a la Teresita saltimbanqui. Nos hace un triple salto mortal con rizo final que… Nosotros, o misericordia o justicia, pero jamás ambas a la vez. Teresita nos viene a decir que eso encaja contigo, pero que no va con Él. «Si es justo… ha de tener en cuenta nuestras debilidades», tiene que ser misericordioso. ¿No dijo algo así un tal Pablo en una carta a los Corintios: “el amor es comprensivo, olvida, perdona, no tiene en cuenta, disculpa… (y no sólo en determinadas situaciones o personas, sino…), el amor no pasa NUNCA? La Justicia de Dios no es la del verdugo (aunque para nosotros prefiramos misericordia, pero justicia la dejamos para el otro que es malo), sino la del… DIOS AMOR. Ésa sí es la Buena Noticia prioritaria en nuestros esquemas de nueva evangelización, año de la fe…

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Miedo a mi propia verdad (22 de marzo de 2014)

«Me parece que si todas las criaturas gozasen de las mismas gracias que yo, nadie le tendría miedo a Dios, sino que todos le amarían con locura; y que ni una sola alma consentiría nunca en ofenderle, pero no por miedo, sino por amor…» (Manuscrito A 83 v)

 No creo que se trate tanto de miedo a Dios (aunque en bastantes casos y personas, sí), cuanto del miedo a reconocernos como poco o nada coherentes, a que la “norma” nos afee o ate, los demás puedan decir, si esto, si… Pero, eso de amarle con locura ya es otra canción. Y cuesta amar lo que no ves; y si lo que ves te encandila, lleva tu tiempo, tus afanes, ilusiones… Entonces Dios, ¿qué lugar ocupa en nuestras vidas? ¿Y nuestra cultura religiosa, con esa comedia de si atrición sólo o contrición…? Y ¡qué más dará si lo que importa es que te enteres que vas mal, que has hecho daño y que quieres repararlo! Lo que cuenta es que llegas ahí por el no-amor, porque el enfermo es tu corazón. ¿Miedo?, ¿amor? Para tenerlos, antes hay que vivir con ellos, ¿no? Y el miedo no es a Dios, sino a lo que pueda pasarme a MÍ.

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¿Evangelio de quita y pon? (15 de marzo de 2014)

«Justo en el momento  en que las necesito, descubro luces en las que hasta entonces no me había fijado. Y las más de las veces no es precisamente en la oración donde esas luces más abundan, sino más bien en medio de las ocupaciones del día…» (Manuscrito A 83 v)

Mira por donde Teresita conoce por experiencia lo trillado de nuestro catecismo: Dios está en todo lugar. Pero, nosotros lo relegamos al coro, capilla, oración organizada, actos religiosos bien montados. «Y las más de las veces….» pues, en las ocupaciones del día. Nos cuesta notarle, saberle y vivirle ahí. ¿Porque “ahí” nos molesta, le avergonzamos a Él, se quedaría de piedra viendo que SU evangelio no NOS sirve para la vida diaria? El Evangelio siempre, siempre, “justo en el momento” ya que ese momento debería ser SIEMPRE.

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Sin ruido de palabras (8 de marzo de 2014)

«Comprendo y sé muy bien por experiencia que “el reino de los cielos está dentro de nosotros”. Jesús no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas…. enseña sin ruido de palabras. Yo nunca le he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento y me inspira lo que debo decir o hacer.» (Manuscrito A 83v)

Libros, doctores, ruidos de palabras… Eso es lo que debería sobrar  y es lo que abunda… de sobras, los bla, bla, bla por eruditos y píos que sean. Jesús, Jesús, arrimarse a ÉL para poderle sentir cercano, en el corazón, y ahí ya no hacen falta palabras. Comunicarse es interrelacionarse y ¡eso se hace de tantas maneras! Por ejemplo, los niños con una mirada, una sonrisa, un visaje del rostro. Con ellos no necesitas palabras, ya entienden si les quieres o no, los aceptas o no, pueden confiar o no. Y ¡el Reino es de ellos! Jesús es Camino, Verdad, Vida, para ir, hacer, ser, decir,  y en todo momento, lugar, situación. Y a eso se le llama seguimiento de Cristo.

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El Evangelio, siempre novedad (16 de febrero de 2014)

«Lo que me sustenta durante la oración, por encima de todo, es el Evangelio. En él encuentro todo lo que necesita mi pobre alma. En él descubro de continuo nuevas luces y sentidos ocultos y misteriosos.» (Manuscrito A 83v)

¿Has leído tal libro o tal autor? Yo siempre tengo ante mis ojos a… Eso lo hemos oído y quizás dicho tantas veces… No, el Evangelio, el pisar de Jesús sobre la tierra, mi tierra, mi mundo, mi ambiente, mi hogar. ¿Lo que leímos un día y sabemos de siempre? Tampoco, el “Señor cada día me espabila el oído”, nos dice lo que espera de nosotros, como también nos consuela, fortalece, acompaña en el dolor o la dicha. Y tantas veces como que nos ponemos tapones para no oír el “mundanal ruido”… Pero, ¡si Dios está en ese “mundanal”! Y, claro, tampoco oímos a Dios que camina con el hombre, sobre todo con aquél a quien nadie quiere por compañero: el pecador, el desgraciado…

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Lo único necesario: el amor (9 de febrero de 2014)

«Ahora no tengo ya ningún deseo, a no ser el de amar a Jesús con locura… Mis deseos infantiles han desaparecido. Tampoco deseo ya ni el sufrimiento ni la muerte… es el amor lo único que me atrae.» (Manuscrito A 83r)

Deseos infantiles… bellos, pero infantiles. ¡Y cuánto “infantilismo” en nuestra piedad, vida de fe, creencias, éticas…! Que no es que estén mal, a veces, pero, ¿por qué no un… deseo de Dios, amarle, alabarle en sus criaturas, dialogar con Él sobre…? En Él veríamos nuestras vidas con nitidez, sin maquillajes, y lo que espera de nosotros. Sufrimientos y muerte, dos constantes en la ascética cristiana, pero, ¿y el AMOR? ¿Cuándo, en nuestra vida, optaremos preferentemente por el amor, e intentaremos hacer y ser felices amando?

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Abismo del deseo humano: Dios (2 de febrero de 2014)

«Los dones que Dios me ha prodigado (sin yo pedírselos) en lugar de perjudicarme y producirme vanidad, me llevan hacia Él. Veo que sólo Él es inmutable, y que sólo Él puede llenar mis inmensos deseos.» (Manuscrito A 81v)

Dios siempre regala, y si regala no es para perjudicar ni producir vanidad. ¿De qué  puedes presumir si se trata de un regalo y no de tu talento o “virtud”? Y es que el DON de Dios no es para exponerlo al público en mis vitrinas, sino para que beneficie al hermano, y en el hermano está Dios. Dios, como en el tenis, me lanza una pelota y yo se la devuelvo. Y sólo devolviendo pelotas podremos jugar y… Él se deja ganar siempre. ¿Por qué nos invita, si no, a jugar “su” partida eterna? Si deseas a todo un Dios te “inmensizas”, pero si sólo deseas vete a saber qué, te quedas con la calderilla.

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Estructuras de miedo o libertad del amor (26 de enero de 2014)

«Me dijo que mis faltas no desagradaban a Dios… ¡Qué feliz me sentí al escuchar esas consoladoras palabras! Nunca había oído decir que hubiera faltas que no desagradaban a Dios. En el fondo del corazón yo sentía que eso era así, pues Dios es más tierno que una madre… ¡Cuántas veces lo he visto por experiencia! Ningún reproche me afectaba tanto como una sola de tus caricias. Soy de tal condición, que el miedo me hace retroceder mientras que el amor no me hace correr sino volar.» (Manuscrito A 80v)

¡Faltas que no desagradan a Dios… y que no lo había oído nunca! Natural, y nosotros tampoco. Pero es que tenemos una “creatividad” para engendrar y catalogar pecados y faltas, consentidas, no consentidas o semiconsentidas, leves, veniales imperfecciones… Y a Dios lo que le desagrada no es un catálogo represor, sino… el DESAMOR. ¡Y es que no nos enteramos! Ella sentía que era así pero… lo que te dicen, lo que puedan pensar de ti… eso nos preocupa más que lo que le duela al Señor, más tierno que una Madre. ¡Seamos sinceros! “Mire que le mira”, el cariño es lo que debe hacernos reaccionar y no el miedo, que nunca fue buen consejero, ni buen compañero en el viaje de tu vida, ni dador de iniciativas, sino paralizador de tantas buenas intenciones y mociones del Espíritu. Da más pena un “purista” devoto de un Dios JUEZ (¡qué vida!) que un pobre pecador por gordo que sea y que quizás no conoce al Dios verdadero  porque se lo hemos “robado” nosotros, los buenos y fieles cumplidores… ¿de qué?

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En el umbral más íntimo de la fe (19 de enero de 2014)

«Yo sufría por aquel entonces grandes pruebas interiores de todo tipo (hasta llegar a preguntarme a veces si existía un cielo). Estaba decidida a no decirle nada [al predicador de ejercicios]… por no saber explicarme. Pero apenas entré en el confesonario, sentí que se dilataba mi alma… Apenas pronuncié unas pocas palabras me sentí maravillosamente comprendida, incluso adivinada. Mi alma era como un libro abierto, en el que el padre leía mejor incluso que yo misma… Me lanzó a velas desplegadas por los mares de la confianza y el amor que tan fuertemente me atraían, pero por los que no me atrevía a navegar.»  (Manuscrito A 80v)

¡Oh, Señor, y cuánta cobardía a veces por no  atrevernos a navegar por el mar, tu mar de confianza y amor, aun cuando no encaje en la norma, lo que nos dicen, lo que puedan pensar los demás de nosotros…! Miedo a equivocarnos y, por si las moscas, mejor ir con el “rebaño”. Y es que no confiamos en Ti, en tu Espíritu que sopla en nuestro corazón. Preferimos la letra… ésa que Pablo califica de muerta. Y no confiamos tampoco en nosotros mismos. ¿Que te comprendan, que puedan leer en ti? ¡Qué felicidad!, pero ¡cuánta transparencia hace falta para eso, y sinceridad, y sencillez! ¿No somos? Esa clase de almas se comprenden entre sí, y ¡qué alivio encontrar almas que no se extrañen de ti! Y Teresita sufre pruebas de fe, de esperanza, y grandes, y de todo tipo, y “a veces”, más de una, dudaba de si existía eso que llaman Cielo??? Y tú, te ocultas a ti mismo tus propias dudas. ¡Afróntalas ya!

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¿“Usar” a Jesús? (12 de enero de 2014)

 «Durante todo el tiempo que duró esta prueba de la comunidad [la gripe], yo tuve el inefable consuelo de recibir todos los días la sagrada comunión. ¡Qué felicidad! …No puedo decir que haya recibido frecuentes consuelos durante las acciones de gracias; tal vez sean los momentos en que menos los he tenido, y me parece muy natural pues me he ofrecido a Jesús, no como quien desea recibir su visita para propio consuelo, sino, al contrario, para complacer al que se entrega a mí.» (Manuscrito A 79v)

 No “usar” a Jesús para mí, mi consuelo, mi perdón, mi paz, mi perfección, mi solaz, mi… No recibir, sino DAR, DARSE, complacer al que se entrega a ti. Y es natural y lógico. ¿Quieres que Dios esté dentro de ti? Pues antes desaparece en Él para que tenga espacio para entrar, al menos eso. Nosotros queremos todo el espacio para nosotros y que nadie traspase los umbrales de mis fronteras. ¿Y pretendemos creer o hacer creer que le dejamos espacio a Dios? ¡Vamos, hombre!

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La corona de rosas (5 de enero de 2014)

«…se declaró la gripe en la comunidad. Sólo otras dos hermanas y yo quedamos en pie… La muerte reinaba por doquier. Una mañana, al levantarme, tuve el presentimiento que sor Magdalena se había muerto. El claustro estaba a oscuras, y nadie salía de su celda. Por fin me decidí a entrar en la celda de la hermana Magdalena, que tenía la puerta abierta. Y la vi, vestida y acostada en su jergón. No sentí el menor miedo. Al ver que no tenía cirio, se lo fui a buscar, y también una corona de rosas.» (Manuscrito A 79v)

 Una hormiguita casi le hacía subirse a la mesa, y una hermana difunta de poco, ¿no? Es que donde hay amor, actitud de servicio, sensibilidad, detalle pequeño… Miedo por ella, no, porque lo que importa es que a ella le hubiera gustado tener una luz para ir al encuentro del Esposo, y una corona de flores. ¿No la tiene?, pues voy yo a buscársela.

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El corazón como testamento (29 de diciembre de 2013)

«Una noche después de la muerte de la madre Genoveva, tuve uno [sueño] más entrañable. Soñé que la Madre estaba haciendo testamento, y que a cada una de las hermanas les dejaba algo de lo que le había pertenecido. Cuando me llegó el turno a mí, pensé… ya no le quedaba nada. Pero, incorporándose, me dijo por tres veces: “A ti te dejo mi corazón”». (Manuscrito A 79r)

 “¿Algo de lo que le había pertenecido?” Ya sabía Teresita que eso equivale a cero, pues la carmelita no posee nada, ni se posee, porque se entrega del todo al Señor y a las hermanas. Pero si alude a eso, cierto que no se refiere a algo material sino a algo de sí, algo entrañable. Y a Teresita le da… su corazón. Un corazón muy querido por Teresita ya que ella siempre lo buscará, pues “en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor”.

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Dios en todo (22 de diciembre de 2013)

 «No doy importancia a mis sueños… ¿Cómo es posible que, pensando como pienso todo el día en Dios, no ocupe él un mayor lugar en mis sueños…? Normalmente sueño con bosques, con flores, con arroyos, el mar…, casi siempre veo hermosos niñitos, o cazo mariposas y pájaros que nunca he visto… Sí, mis sueños tienen un aspecto poético, están muy lejos de ser místicos….» (Manuscrito A 79r)

 Y ¡qué preguntas que se hace! La respuesta es bien sencilla: ¿o no está Dios en las montañas, en los arroyuelos, en las mariposas, en ¡los niños de los cuales es el Reino!, en los pajarillos a los que alimenta el Padre? Porque si no creemos eso, ¿cuál es nuestra visión de fe de la vida? Y es también que la mística es poesía porque ambas son esencia, junto con la sencillez de “tu” intimidad, y que es el lugar preferido de Dios para hacer su morada.

Feliz Navidad

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Santa imitable (15 de diciembre de 2013)

 «…la suerte que tuve de conocer a nuestra santa madre Genoveva… Dios… quiso que viviera con una santa, no de esas inimitables, sino… de virtudes ocultas y ordinarias… Me dijo: “Espera hija mía, sólo quiero decirte unas palabritas: sirve a Dios en paz y alegría. Recuerda, hija mía, que nuestro Dios es el Dios de la paz.” Aquel día me encontraba duramente probada, casi triste, en una noche tal, que no sabía ya si Dios me amaba… la alegría y el consuelo que sentí…» (Manuscrito A 77v)

 «La suerte de conocer…» ¡Qué maravilla! Alguien que no guste darse a conocer, sino que considere una suerte conocer personas, hacer caso, aprender, sin reticencias, sin calificaciones a priori… “¿Santas inimitables?”, ¿y para qué deben servir? Y es que a la gente “santa” las queremos inimitables no fuera el caso que nos obligara a imitar o sacudir nuestras rutinas y tener que “amar al semejante”. Teresita llega a dudar ¡que Dios la ama!, ella. Y, ¿nos parece extraño que nosotros no tengamos dudas? Pero… NUESTRO Dios es el de la Paz: interna y con los vecinos y con los que ni son ni piensan como yo. Y eso, a veces, ni en el convento ¿o no?

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Sensatez de una niña soltera (8 de diciembre de 2013)

«Ocho días después de mi toma de velo tuvo lugar la boda de Juana (su prima)… ¡Cuánto me enseñó su ejemplo acerca de las delicadezas que una esposa debe prodigar a su esposo! Escuchaba ávidamente todo lo que podría aprender al respecto, pues no quería hacer yo por mi amado Jesús menos de lo que Juana hacía por Francis, una criatura muy perfecta, ¡pero a fin de cuentas una criatura!»  (Manuscrito A 77r)

¡Y cuánta sensatez que le echa una niña soltera que no conoció noviete. Para saber amar a Dios, hay que haber sabido amar antes mucho al ser humano: al Buen Padre, pues lo hizo con su Rey de Navarra y Francia, papá adorado; a la Virgen , con el anhelo de lo que no disfrutó como debiera y por eso la Virgen no es la Madre, sino “SU” mamá. Pero a Jesús, el Esposo… Y se vale de lo humano (lo mismo que Dios se valió de lo humano, porque lo fue, lo sigue siendo) para llegar a amar a Jesús como su Esposo. Y ella, más que “intentar aprender a”… se deja AMAR por SU ESPOSO. Lo que quiere aprender es cómo comprenderle mejor y agradarle mejor. Tomemos nota los que nos conformamos con “cumplir” y “¿qué me tienen que enseñar a mí, éstos?”