Del 18 al 25 de enero se celebra en España y en los países del hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En el hemisferio sur suele celebrarse en torno a la fiesta de Pentecostés. Esta semana nos invita a los cristianos de las distintas confesiones a unirnos, al menos por estos días, para orar haciéndonos eco de la misma oración de Jesús: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros … y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn 17, 21-23).
Nos llama a tomar conciencia del camino que tenemos por delante para llegar a aquella unión que Jesús quiere en nosotros, llamados a ser fermento de unidad en el mundo. Porque la misión de Jesús fue una tarea de reconciliación: ayudar a la humanidad a encontrar el camino de vuelta al Padre, y reconciliar entre sí a los hombres divididos y tan a menudo enfrentados. Dios “por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5,18). Los cismas y rupturas que han ido señalando la historia cristiana, y los recelos e incomprensiones que con frecuencia vivimos en nuestras comunidades contradicen el encargo que Jesús nos dejó. Y denuncian cómo en el trigo de nuestro seguimiento de Cristo también ha crecido la cizaña de egoísmos, soberbias, miedos…
El lema de la Semana de Oración de este año es una llamada a la esperanza: “Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Cor 15, 51-58). Esa esperanza estimula nuestro camino, nuestras tareas y esfuerzos, particularmente en la labor ecuménica. Y nos invita a acercarnos a El para dejarnos transformar. Ése es también el sentido de la oración, que es uno de los principales ejes del movimiento ecuménico, junto a la acogida mutua, el diálogo y la colaboración en cuanto podamos (sobre todo en la lucha por la paz y la justicia). Ser cristianos es ser testigos de esa victoria de Cristo que va haciendo surgir una realidad nueva. Y eso significa, en primera persona, dejarnos alcanzar por esa fuerza renovadora del Espíritu, que toque nuestras iniciativas, nuestras actitudes y opciones, nuestros sentimientos. Para que se abra camino –en nuestras vidas, y a través de nosotros en nuestro mundo- ese Amor que es fuente de unidad y gozo.

1. Amar: amar la vida que se nos ha dado por amor y en el amor. Amarla cada día con pasión; la propia y la ajena…





